Muchos nos alegramos cuando Araceli se convirtió en la primera persona que recibía la vacuna en nuestro país. ¡Por fin! Esa vacuna tan deseada llegaba a nuestras vidas, que llevan un año marcadas por la amenaza de ese bichito invisible. Araceli era, de primeras, una de las nuestras: podía ser nuestra madre, nuestra abuela, nuestra vecina….Una de las protagonistas de una película típicamente española.

Pero la película, propiamente dicha, vino poco después: con personajes propios de Berlanga y Buñuel, aunque sin el nivel de sus guiones. Políticos, curas y militares se vacunaron porque sí, porque “yo lo valgo y el resto no”, en el momento en el que los datos de contagios, ingresos y muertes se disparaban de nuevo, tras unas Navidades la mar de tradicionales.

La cosa derivó hacia el cine americano, con tramas, carreras y tensiones a gran escala, ricos y pobres, …y negocios, muchos negocios. El mercadeo de las vacunas, en el que algunas farmacéuticas buscan cómo chantajear a los Estados para aumentar sus beneficios. Acuerdos bilaterales de compra entre empresas y un número selecto de países que acaparan las vacunas sin importarles que la mayoría se quede sin suministro. La UE votando en contra de suspender las patentes, una medida que abarataría el precio de las vacunas, garantizaría su llegada a los países pobres y aceleraría su producción. Tan dramática es la cosa que el director de la OMS aparece como el bueno de la peli advirtiendo: “El mundo está al borde de un catastrófico fracaso moral, se pagará con vidas y medios de subsistencia en los países más pobres”. “El enfoque del ‘yo primero’ deja en riesgo a las personas más pobres y vulnerables” y “prolongará la pandemia, las restricciones necesarias para contenerla y el sufrimiento humano y económico”. 

Las respuestas individualistas cunden. El dinero marca la agenda, los ritmos, las prioridades. El virus del in-dividualismo puede llegar a convertir a quien se deja invadir por él en asesino.

Urge no solo vacunarse frente al coronavirus, algo a lo que por supuesto todas las personas, de todos los países y condiciones tenemos derecho, también hay que tener en cuenta otro tipo de vacunas. Urge extender la vacuna para generar inmunidad frente al individualismo y el egoísmo estimulando la producción de anticuerpos. Las personas, las poblaciones, tenemos la capacidad de dar respuesta a ese virus que nos hace mucho daño y priorizar lo común. Y al contrario de lo que suelen contarnos las películas, al proceder de ese modo, nos sentiremos mejor y nos irá mejor. Urge promover la comunicación y tender puentes entre las personas, las culturas, las generaciones y los pueblos. Urge reconstruir el tejido social. Humanizarnos 

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