EL LENGUAJE ALBERGA PALABRAS EXTRAÑAS, COMO CREADAS PARA MOMENTOS DE NECESIDAD.
NECESIDAD DE SIGNIFICADO, DE SENTIDO, DE BÚSQUEDA.
Cuando se empezó a hablar de la nueva normalidad que venía tras el susto de la pandemia a muchas personas aquella nueva normalidad ya nos sonaba a vieja y si bien es lícito querer recuperarse tras un choque o un hecho traumático, es improbable el avance si no hay reflexión sobre lo vivido, aprendizaje y propuesta de cambio.
Hacer como si no pasara nada lleva a la indiferencia y de esta al cinismo hay muy poca distancia.
También es cierto que, con tanto susto, tanto engaño y tan poca atención, es “fácil” conformarse con lo que hay y casi pedir que no nos pasen cosas. Tan mortecinos y desganados nos sentimos que parece que lo mejor que nos puede pasar es que no nos pase nada. Como si el futuro solo pudiera traer malas noticias, más pérdidas, más explotación, más asfixia.
En nuestra lengua existe una palabra: Aliento.
Aliento tiene que ver con respirar. Aliento es vida, impulso vital. Es también espíritu, alma. Aliento es vigor del ánimo, esfuerzo, valor. Aliento es soplo del viento. Es inspiración, estímulo que impulsa la creación artística. Y es alivio, consuelo. Ojalá estas líneas, estas páginas sean aliento. Para querer que nos pasen cosas, para reflexionar y no seguir simplemente “tirando”, para decidir cambiar a mejor, para preguntarnos hacia dónde vamos y ajustar el timón, para sentir la necesidad de hacer algo y de abrir posibilidades.
Aliento para buscar e intentar. Para sentir el soplo dela vida, saberse vivo y querer quela vida crezca.




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