Se apropian de términos y reniegan de otros. Tomar cañas en bares en tiempos de pandemia, recortar la educación y la ayuda social y que las personas puedan vender sus órganos si así lo desean para no morirse de hambre: a eso llaman libertad. Hay sindicatos adscritos a ideologías abiertamente anti-migración que se llaman “solidaridad”. Hay quienes hablan de la “solidaridad” entre españoles para arremeter contra quienes llegan a nuestro país en busca de futuro. Y ahora también hay quienes vinculan la “seguridad” de los pueblos a estar armados hasta los dientes y pretenden convencernos de que aumentar el gasto militar es el camino para la paz.
Trastocando el lenguaje se falsean análisis y se imponen parámetros discriminatorios. El avance de la violencia no sería posible sin la “batalla cultural” que se lleva a cabo desde múltiples frentes, uno de ellos el de las palabras, los conceptos, los significados y, en definitiva, los marcos del sentido común.
En su novela ‘1984’ George Orwell describía un mundo en el que el organismo encargado de la manipulación, la propaganda y la falsificación histórica era llamado “Ministerio de la Verdad”, mientras que el encargado de la guerra se denominaba “Ministerio de la Paz” y el que perpetraba castigos y torturas “Ministerio del Amor”. En muchos aspectos, la novela se anticipaba a lo que pareciera estar sucediendo en nuestras sociedades: “Cada grupo gobernante libra la guerra contra sus propios súbditos, y el objetivo de la guerra no es realizar o impedir conquistas de territorio, sino mantener intacta la estructura de la sociedad”, decía la novela.

Orwell en ‘1984’ y Huxley en ‘Un mundo feliz’ vaticinaron un mundo futuro en el que por medios violentos o persuasivos el ser humano terminaba sumergido y robotizado. Pero como nos advirtió Silo en Cartas a mis amigos “ambos atribuyeron demasiada inteligencia a los “malos” y demasiada estupidez a los “buenos” de sus novelas, movidos tal vez por un pesimismo de trasfondo que no es el caso interpretar ahora”.
Aun reconociendo la crisis y el sufrimiento que esta conlleva, rechazamos el nihilismo y la fatalidad y afirmamos la libertad y el futuro del ser humano. Esta especie que ha trabajado y luchado durante millones de años para vencer el dolor y el sufrimiento no sucumbirá en el absurdo. El descorazonamiento de los seres humanos valerosos y solidarios retrasa el paso de la historia. Pero es difícil comprender ese sentido si la vida personal no se organiza y orienta también en dirección positiva. Aquí no están en juego factores mecánicos o determinismos históricos, está en juego la intención humana que tiende a abrirse paso ante todas las dificultades.
Nos parece interesante este manifiesto que anda circulando: https://forms.komun.org/manifiesto-contra-el-rearme-y-la-guerra-en-europa También queremos acabar esta reflexión con una propuesta. La creación de una cultura de la no violencia es un proyecto personal y social que nos mueve a crear espacios de meditación y comunicación, en los que aprendemos y aportamos, en los que incorporamos herramientas que nos ayudan a estar más despiert@s y conectad@s en la vida cotidiana, en los que ampliamos nuestros puntos de vista y creamos junto a otras personas. Nos juntamos una vez a la semana, si te interesa, ponte en contacto.


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